lunes, 26 de mayo de 2008

Viaje en penumbras

Los noticieros anuncian el peor día del humo , así es. Se recomienda no salir de casa, no hacer ejercicio físico; y yo que a las once de la mañana curso el teórico de Derecho. Imposible no salir, y lo del ejercicio ya está hecho desde el momento que me despierto el sábado 8.30 de la mañana y salgo a correr el colectivo por la calle porque nunca lo alcanza a tiempo. No hay caso, por más que lleve agendas y anotadores, es imposible recordar los horarios del transporte.
No sé como describir lo que veo; la ciudad desapareció entre penumbras, me cuesta respirar, por un momento pienso qué culpa tengo yo en este conflicto entre gobierno y ruralitas incendiarios … Pero aquí estoy como todos, el humo se metió hasta en el ropero, y ahora en la autopista tengo miedo y no exagero. El colectivo va despacio pero igual todo parece inestable.
Miro por la ventanilla y de repente veo a mi hijo ya adulto, yo ya soy una anciana, hay humo en todas partes, pero ya nadie parece notarlo. Las personas caminan por la calle con una extraña máscara en sus rostros. Es imposible reconocer una de otra, aquellas máscaras los cubre por completo. Llego a la parada, tengo que bajar en la plaza, pero ella ya no estaba ahí, en su lugar solo un terreno vacío, sobre el suelo yacen los árboles carbonizados. Tengo ganas de gritar, pero no tengo oxigeno para hacerlo; soy la única que no lleva aquella máscara. Cierro los ojos y los vuelvo a abrir en el colectivo. Ya casi estamos llegando, respiro aliviada, sí, respiro el humo aliviada … Mi futuro apocalíptico era sólo una ilusión. Este humo quizás dure unas horas mas, pero ya veo la plaza (y sus árboles) donde me tengo que bajar.

Suerte de principiante

Domingo trece de Abril de 2008. Estrenando el frío del otoño en mis mejillas sonrojadas por el viento, me preparaba para acudir a mi segunda función del Festival de Cine Independiente de Bs. As. Aclaro que mi debut en este evento fue precisamente el día anterior en el que por puro azar, asistí a la película “One way street on a turntable”, un film sobre la rutina en Hong Kong que sacudió bastante mis esquemas ya que manejaba otros ritmos, otras maneras de contar a las cuales me tuve que acostumbrar. Pero eso es historia pasada.
A diferencia de ese sábado de estreno, aquel domingo parecía entender más el tema de Bafici. Un festival de cine independiente que se celebra en Buenos Aires hace ya diez años, y según cuentan los que saben el número de audiencias aumenta cada vez más año tras año.
Estaba ansiosa por ver el largometraje “Cordero de Dios”, una película argentina que recorre algunos años oscuros de nuestra historia. Ya más tranquila, amoldada al ritmo que ( me parece) se suele manejar en este tipo de eventos; entró al cine, mucha gente, guardias de seguridad por todos lados, y ¡el café extremadamente caro! Traté de seguir conservando la calma aunque, confieso, no era nada fácil si, mientras las escaleras mecánicas iban subiendo, unas señoras, aparentemente intelectuales, pero por su desesperación más bien parecían adolescentes corriendo detrás de su artista favorito, intentaban pasar entre medio de las demás personas para llegar primeras a la sala …
Una vez ubicada en la butaca, una señora fanática de Bafici, me comentó todas sus experiencias, sus emociones y su ansiedad por participar del pre- estreno de “Cordero de Dios”. Otra vez, sin saberlo, estaba asistiendo a la última noche de gala del cine Argentino.
Fue ahí que entendí semejante despliegue; por un momento sonreí y pensé en aquello de “la suerte del principiante”, entonces me dediqué a disfrutar del film.
Dos secuestros, dos rescates, pero separados por un océano y por treinta años de dolor y rencor. La historia de una familia cruzada trágicamente por el Golpe de Estado del ´76 es lo que cuenta este primer largometraje de Lucia Cedrón.
Pero a diferencia de tantos otros relatos sobre esta etapa del transcurrir argentino, ésta no es una más, ésta película es un momento en la vida de aquellos personajes. Una historia de relaciones humanas, con sus miserias, con virtudes …
Un veterinario de setenta años es secuestrado en los tempestuosos días de 2001. Guillermina, su nieta, se ve obligada a recurrir a su madre, exiliada en Francia desde el Proceso.
Tensión, recuerdos, analogías entre el ayer y el hoy, y solo quince días para elaborar todo eso. Es que en esta familia hay alguien que falta, es Paco; el papá de Guillermina. Fue asesinado en un sospechoso episodio entre militares, tiroteos … y su suegro. Y quizás sea por este motivo que la figura de aquel anciano transcurra constantemente entre la ternura y la traición.
A lo más profundo de esta familia logra llevarnos la directora. Sobre el final uno quiere saber más, pero a la vez se siente satisfecho.
Creo no haber sido la única en sentir eso; una vez finalizada la película, los protagonistas junto con la directora hicieron una especie de “ronda de preguntas” con el público. Recuerdan aquella señora fanática del Bafici, bien, pues fue la primera en arrancar.
De este domingo de frío y estreno, me llevo la satisfacción de haber descubierto un evento maravilloso con personajes fantásticos, o solo dentro del a cinta sino también deambulando por ahí.

Hipotesis acerca de "En el mar"

Luego de haber leído En el mar, de Chejov, pude observar cómo lña historia dos estaba presentada como marco de la historia uno; como si fuera un paréntesis, una anécdota más. Pero a la vez esa anécdota resulta crucial en algún momento del relato.
El cuento comienza de manera tranquila, con una descripción del paisaje y de los sucesos de una manera tan calma que por momentos se torna tensa. Cualquiera podría creer que la primera historia que se comienza a contar, hasta que el propio relato comienza a girar de sentido y narrar otra historia.
Esta segunda comienza a cobrar tal protagonismo que acaba por ser la historia uno; dejando inconclusa aquella del principio. Cuando se pone de relieve el relato de la joven, de su esposo el pastor, de aquel señor desagradable; aparece con tanto énfasis que uno hasta parece estar en los ojos de aquel observador silencioso.
En este cuento continuamente hay una tensión entre la historia uno y la historia dos; como bien dice Piglia, Chejov trabaja “la tensión entre las dos historias sin resolverla nunca”. “La historia secreta se cuenta de un modo cada vez más elusivo”. Esto lo demuestra el autor al hacer de la historia dos, un objeto fundamental para la historia uno.

Citas de viaje. Reflexión

“ En un viaje, en cualquier viaje, todo es gozosamente falso: ahí esta, probablemente gran parte de la felicidad y la inquietud de un viaje: vivir, entre paréntesis, una ficción”
Martín Caparrós

Una ficción, tantas veces nos hemos preguntado si todo este medio en el que nos movemos no es una gran ficción. Algo irreal, algo armado donde jugamos un papel ya designado.
Imaginemos que si cualquier viaje, cualquier exploración supone un tiempo en el que somos otros, podemos hacer otras cosas, actuar de un modo un tanto distinto; entonces porqué no interpretar nuestra propia existencia como un gran viaje, en el que siempre hay un escenario, una puesta en escena; donde siempre hay que interpretar un papel.
El desafío sería intentar que ese rol, no esté impuesto, renovarlo, reinventarlo, cargarle nuestras experiencias, intentar romper con el libreto ya asignado. Es que , si todo es una ficción, por lo menos atrevámonos a vivirla a nuestra manera. A movernos en el escenario, no como títeres, sino como guionistas de la historia, del viaje que cada uno emprendió.
Ficción y viaje, ¿ Acaso no es una buena combinación?. Ser actores y viajeros de nuestro propio universo … Quizás solo haya que intentarlo.

“No hay relato de viaje sin invención. O, para decirlo etimológicamente, no hay relato sin descubrimiento. El relato de viaje ofrecerá un mutuo descubrimiento …”
Jorge Monteleone, El relato de viaje: de Sarmiento a Umberto Eco

Todo aquel que haya realizado un viaje sabe que siempre hay “algo” que uno se trae consigo mismo. Solemos guardar en nuestra memoria, situaciones, momentos, imágenes que nos hacen reflexionar sobre nosotros, sobre nuestra existencia; incluso muchas veces hasta replantearnos tantas actitudes o hechos del ayer.
Pero … ¿Cómo contar eso? ¿Cómo hacer sentir lo que nosotros pudimos experimentar con nuestros propios sentidos? Uno trata de ser fiel a ese recuerdo, de plasmarlo como una foto sobre el papel, pero eso casi nunca sucede. Las palabras van tomando su propio rumbo, el relato se va convirtiendo en un viaje aparte; y aquel recuerdo, se pierde en el relato, es una estación más en este recorrido de palabras.
Cuando se comienza a narrar un viaje, esa experiencia de escritura termina siendo una travesía en si misma, la birome escupe las palabras como un río en crecida, ellas solas se acomodan en la hoja, arreglan, cambian, ellas tienen el reloj del recorrido. Nunca preguntan, la muñeca no tiene frenos en ese instante, todo parece sin control.
Al final, allí está mi relato, lo desconozco y la vez no puedo dejar de ver si no es a través de él. Sólo puedo llegar a una conclusión: no sólo tengo que escribir sobre mis viajes, también debo hacerlo sobre mi momento de escritura acerca de ellos. Es ahí donde logro hallar varias cosas, por un lado, visualizar mi experiencia, y por el otro, recorrer mis inquietudes y mi arbitrario recuerdo de aquellos lugares.
“… Tal vez una de nuestras tareas más urgentes sea volver a aprender a viajar, en todo caso, a las regiones más cercanas a nosotros, a fin de aprender nuevamente a ver”
Marc Augé, el viaje imposible: el turismo y sus imágenes


¿Cómo se hace para ser un extraño en su propia casa, en su propio barrio? Muchas veces ocurre que nos alejamos miles de kilómetros con la necesidad de acercarnos a nuestro interior; pensamos que la distancia en kilómetros nos va a acercar al fondo de nosotros mismos. Y no …
Seguimos parados en el mismo lugar, siempre girando sobre las mismas ideas, desconociendo todo, no solo el paisaje, a nosotros también. Volvemos con la decepción del naufrago, aquel que se perdió tratando de encontrar ….
Entonces vale replantear la idea de cuestionar, desde tu lugar, tu casa, tu escritorio, tu cuaderno. La idea de buscarse entre las cosas propias, de hurgar en uno mismo sin salir de casa, sin sacar boletos de larga distancia, solo deambulando por lugares conocidos, tan conocidos que merecen la oportunidad de mirarlos como extraños, como alguna vez (lejana) lo hicimos.
Volver a ver, no mirar, no una mirada fugaz que todo lo olvida, todo lo pasa por alto; sino ver, ver alrededor como si estuviéramos frente al paisaje mas remoto y atractivo del mundo. Ver hacia dentro.